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Egresados

“Yo creo en el trabajo colectivo, en la buena intención y en objetivos claros” (Alex Berg, Ing. Civil Químico)



Los sueños han sido el principal motor para Alex Berg Gebert, Ingeniero Civil Químico UdeC, Doctor en Ciencias Naturales de la Universidad de Hamburgo, Alemania (1988), fundador y líder de la Unidad de Desarrollo Tecnológico (UDT) de la Universidad de Concepción.

Desde Temuco llegó a estudiar a la Universidad de Concepción, incentivado por su profesor de química en el colegio, de esos que “sabían transmitir un real interés por la composición y transformación de la materia, aunque sólo unos pocos lo lograban entender”, comenta Berg. Sus años universitarios los recuerda con cariño y, en particular, al profesor Roberto Melo, quien lo motivó a seguir estudiando en el área de procesos forestales. Y es así como, una semana después de egresar, partió a realizar una práctica de 3 meses a Alemania, a través del Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD) y luego inició su Doctorado. “El ambiente formativo en Alemania era muy distinto al que conocí en Chile, había mucha libertad y mayor confianza en el estudiante. Me aboqué fascinado a investigar”, expresó.

Su tesis tuvo como objetivo desarrollar un nuevo proceso de separación de los componentes de la madera, una solución tecnológica rupturista para esos años. Los resultados dieron origen a patentes de invención, las que su profesor licenció a un consorcio integrado por una empresa del rubro maderero y la mayor empresa petroquímica alemana de ese tiempo. “Tuve la posibilidad de desarrollar conocimiento fundamental y las bases tecnológicas de un nuevo proceso de pulpaje, cuyo objetivo era generar fibras, lignina y hemicelulosas con solventes orgánicos, como alternativa a los procesos tradicionales”.

Antes de finalizar su doctorado, el año 1987, la empresa licenciataria le ofreció participar en el escalamiento del proceso a un nivel piloto, función que desempeñó durante seis años. “El sueño del pibe”, contó Alex, quien con apenas 29 años lideró este proyecto de más de 50 millones de marcos.

Corría 1989 y cae el muro de Berlín. La empresa petroquímica decide focalizar sus esfuerzos en el mercado de Europa del Este y descontinuar el desarrollo de la tecnología, más por razones estratégicas que técnicas o económicas. Fue en ese tiempo cuando lo visitó Jaime Baeza, profesor de la Facultad de Ciencias Químicas, quien quedó maravillado con la infraestructura, el equipamiento y la visión aplicada de la investigación, “si tuviéramos algo así en Chile, me dijo… y yo, en forma inocente le respondí: ¡hagámoslo!”, contó.

“Mi empresa alemana accedió a donar 10 contenedores con parte del equipamiento con que contaba y el 29 de diciembre de 1993 llegué de vuelta a mi alma máter a Concepción. La Universidad comenzó a construir el edificio de UDT y el 29 de agosto de 1996 se inauguró UDT con la presencia del Presidente de la República, Don Eduardo Frei Ruiz Tagle. Este pomposo comienzo contrastó con nuestra modesta realidad: De mi casa traje una mesa, algunas sillas, una máquina de café y junto con las cuatro personas que había contratado por proyectos de I+D recientemente adjudicados, comenzamos a trabajar”, recordó Alex Berg, quien tenía 37 años en ese entonces.

Los primeros años, los más difíciles

La primera gran decepción fue al postular 5 proyectos a Fondef, sin obtener resultados exitosos. “Hay que aprender – se dijo a sí mismo –  afinar la puntería, aprender de los errores y seguir trabajando”.

Al principio, UDT fue percibida como un elefante blanco, sin sentido en el contexto científico y tecnológico nacional, pero “poco a poco fuimos superando problemas, acercándonos a potenciales clientes y entendiendo las necesidades y la dinámica del mercado; todo en un contexto económico frecuentemente apremiante”, contó. Esta estrechez económica se revierte recién el año 2008, junto al comienzo del Proyecto Basal de Conicyt, el que le permite a UDT contar por primera vez con un financiamiento permanente. Hasta ahí, la totalidad de los ingresos provenía de contratos por servicios de investigación con empresas o concursos de Corfo y Conicyt. “En sólo dos años la planta de personal creció de 41 a 102 personas y, junto a ello, el número de proyectos, las redes de colaboración nacional e internacional, y la interacción con investigadores de distintas facultades de la Universidad”.

Hoy en día, UDT es un centro consolidado en ciencia, tecnología e innovación en el ámbito de la bioeconomía que busca obtener nuevos productos, idealmente de alto valor, a partir de biomasa agrícola y forestal. “Para ello, creamos conocimiento, desarrollamos soluciones tecnológicas y establecemos condiciones propicias, para que éstas sean transferidas al sector productivo”, puntualizó Berg.

Alex Berg Gebert, Director Ejecutivo UDT UdeC

¿Qué se necesita para tener éxito? “Estimo que el desempeño de un centro científico, tecnológico y de innovación como el nuestro, depende de múltiples factores. No me cabe duda, sin embargo, que el más importante es el humano. Debemos contar con colaboradores eficientes, responsables y motivados por un clima de trabajo atractivo y desafiante. Necesitamos colaboradores que crean en lo que hacen, sean capaces de soñar y luchen por lograr sus objetivos; idealmente, junto a sus colegas y en estrecha relación con empresas... Yo creo en el trabajo colectivo, en la buena intención y en objetivos claros, donde las reglas del juego sean conocidas y se eviten los conflictos de interés”, aseguró, convencido, el Director de UDT.

¿Cuál es el siguiente desafío?

“Si bien contamos con un modelo de innovación de transferencia de resultados de I+D a la industria, no estamos satisfechos con el impacto real que hemos logrado. De hecho, periódicamente suscribimos contratos de licenciamiento y contribuimos a la creación de empresas de base tecnológica, pero tenemos la sensación que estas acciones no han tenido la repercusión que esperamos", explicó Alex, quien está convencido que deben preocuparse más por el impacto final de las actividades de I+D+i.

A modo de ejemplo - señala el Director de la UDT -  una patente es poco importante, a menos que la protección intelectual que otorga sea transferida a una empresa, mediante un contrato de licenciamiento. Este contrato, a su vez, no tiene valor, a no ser que la empresa aplique la tecnología y aumente sus ventas. Si esto ocurre, la empresa otorgará un porcentaje de estas ventas a quien desarrolló la tecnología: la Universidad. Por tanto, esta regalía será un indicador válido respecto al impacto del desarrollo tecnológico realizado.

“En ciencia, los indicadores principales son el número de publicaciones, el factor de impacto de las revistas y las citaciones. En tecnología, es más difícil medir cuantitativamente; estimo que el número de paquetes tecnológicos y su valoración mediante metodologías reconocidas son instrumentos válidos. Por último, el impacto final más significativo con relación a las actividades de innovación es, a mi entender, las regalías percibidas por el licenciatario. Por el contrario, el número de contratos de licenciamiento y el número de empresas spin-off pueden ser indicadores poco concluyentes”, señaló Berg.

En el contexto mencionado, durante los últimos dos años han realizado viajes para conocer la realidad internacional, especialmente en Estados Unidos y Alemania. "Hemos analizado y tratado de aprender de nuestros éxitos y fracasos, hemos contratado asesorías a empresas especializadas y, en base a ello, hemos reorganizado nuestras actividades de innovación. Estamos confiados que a partir del próximo año observaremos un cambio en cuanto al impacto de nuestra actividad de I+D en la sociedad.”