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Recordando al Dr. Rogel Wallace Collao del DIE

Recordando al Dr. Rogel Wallace Collao del DIE

Recordando al Dr. Rogel Wallace Collao del DIE

28.05.2018

El 15 de mayo informamos a la comunidad FI UdeC del lamentable fallecimiento de nuestro profesor Emérito del Departamento de Ingeniería Eléctrica (DIE), Dr. Rogel Wallace Collao, quien formó parte del cuerpo docente por casi 40 años, periodo en el que destacó por el fortalecimiento de las ciencias de la ingeniería en la docencia de pre y postgrado.Wallace recibió el Premio Municipal de Ciencias Aplicadas en 2001 y fue investido como Profesor Emérito, en 2010, siendo el primer docente del Departamento de Ingeniería Eléctrica de la FI UdeC en recibir este grado honorífico.

Durante su funeral, el académico Aníbal Valenzuela del DIE, dedicó unas sentidas palabras de despedida a quien fuera su colega y amigo. A continuación compartimos su discurso:


DESPEDIDA A ROGEL
Por Aníbal Valenzuela

Buenas tardes. En representación del Dpto. de Ingeniería Eléctrica y la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Concepción, me corresponde el honor de dar las palabras de despedida para nuestro colega y amigo Rogel Wallace.

Más que intentar hacer un resumen pormenorizado de sus logros académicos, que los tuvo y muchos, quiero contarles los recuerdos, también anécdotas, que se me vienen a la memoria en estos momentos. Creo que es lo que Rogel hubiera preferido.

Conocí a Rogel 38 años atrás. Hacía poco más de un año que yo había ingresado al Dpto. y era el único docente del área de Accionamientos y un día tocó a mi puerta un muy formal Rogel, de terno y corbata, para contarme que había vuelto a Concepción luego de hacer un doctorado en la Unión Soviética (Instituto Energético de Moscú) y que si habría interés y la posibilidad de que pudiera hacer alguna asignatura. En sus manos llevaba unas hojas manuscritas con unos desarrollos en los que había estado trabajando con tres demostraciones diferentes del torque de los motores. Me las mostró. Eran novedosas e interesantes.

Tener un doctorado en la Unión Soviética no era precisamente un antecedente que ayudara en esos tiempos, con la universidad intervenida y con un rector delegado. Sin embargo, cuando por esos días el Dpto. recién iniciaba su plan de perfeccionamiento, contar con una persona con su doctorado hecho era un salto cuántico para el área. Así que se gestionó su contratación. Hubo apoyo de Roberto Ibieta, Director de Dpto. de esos días, y también del Decano y finalmente fue aprobado. Rogel se integró al Dpto. y ahí comenzamos a conocernos y trabajar juntos.

Un poco para conocerlo y también para aprender, asistí al primer curso que dictó. Era de Control Optimo aplicado al control de posición de un servomotor, tema en el que desarrolló su Tesis doctoral.

El Rogel de esos días, no tenía una gran preocupación de cumplir a cabalidad el programa de las asignaturas. En cambio, se podía quedar detenido en una fórmula, analizarla y deducirla de distintas maneras hasta que los conceptos les quedaran muy claros a los alumnos. Creo que su gran mérito como docente fue enseñar a PENSAR, así con mayúsculas, a los alumnos. Yo también aprendí mucho escuchando sus clases.

En esa primera etapa, hay que decirlo, era el terror de los alumnos. Hacía sus clases en forma muy participativa, dirigiéndose por sus nombres a cada alumno. Tampoco respetaba mucho los horarios de término de las clases y a veces se pasaba hasta media hora y no le gustaba que un alumno se retirara antes que terminara. Al comienzo hacía sus exámenes orales… y a mí me tocaba ser parte de la comisión. Duraban todo el día y a veces dos. Lo primero que hacía era pedirles el cuaderno de la asignatura y si había páginas en blanco o fotocopiadas, ese alumno ya estaba con problemas.

Con el tiempo fue moderando el nivel de sus evaluaciones y dejó de ser el Rogel terror de los alumnos. Las últimas generaciones lo recordarán como un profe bonachón, que escribía todo en la pizarra y que al término de cada clase les entregaba un listón con un problema que debían traer resuelto la clase siguiente. Una buena metodología para mantener a los estudiantes activos en el curso, que le exigía corregir clase a clase las respuestas de los alumnos.

Haciendo recuerdos de esa etapa de su vida, infaltable no recordar su Oldsmobile. Era el complemento ideal para el Rogel de esos días. Un auto con un potente motor, en el que según Rogel el rendimiento se medía en litros/km más que km/litros. Cuando iba hacia San Pedro, le gustaba acelerar hasta la entrada al puente y luego lo atravesaba con el vuelo adquirido.

En esa época el Dpto era más joven y teníamos de tanto en tanto despedidas de soltero. Recuerdo en una ocasión que luego de una de estas despedidas, Rogel enfiló por Maipú a la una de la mañana riéndose y acelerando y todos los que íbamos arriba gritando que parara. Una de sus tantas locuras con su auto.

Rogel también tuvo el mérito de ser el primero en ganar un proyecto con financiamiento internacional. En esos primeros años pasaba frecuentemente a verme a la casa en San Pedro (en verdad, departamento). Llegaba a cualquier hora, preferentemente en la noche, tipo 11. Le preguntábamos si quería servirse algo y siempre aceptaba. Recuerdo que en una ocasión mi señora le reclamaba a la nana por qué preparaba más porciones de la comida si éramos solo tres. Y María le respondió que podía pasar don Rogel. Para ella, don Rogel era lo máximo. Siempre le encontraba ricas las comidas y no dejaba nada en el plato.

En una de esas visitas, llegó muy excitado a decirme que debíamos presentar un proyecto a la ICA (Asociación Internacional del Cobre) para el desarrollo de motores de flujo axial. Fue la primera vez que oí hablar de estos motores y del uso de imanes de tierras raras. Finalmente, ganó ese proyecto, lo que tuvo dos consecuencias muy positivas para el Dpto.

Por un lado, se pudo implementar un Laboratorio de Diseño de Motores dotado de las máquinas herramientas requeridas para fabricar en la UdeC todos los prototipos de los nuevos motores, sin tener que depender del Taller Mecánico de la Facultad o de Maestranzas externas. Segundo, dio inicio a una línea de investigación en el desarrollo de motores de flujo axial que le ha dado un sello y prestigio a nuestro Departamento, y que trasciende al propio Rogel, hoy liderada con singular éxito por el colega Juan Tapia. Este es también un logro importante de Rogel, que difícilmente otros podremos igualar.

En razón a estos logros, Rogel recibió el año 2001 el Premio Municipal de Ciencias Aplicadas, el más importante reconocimiento que se entrega en la región por los aportes que Rogel hizo en este campo.

Es también pertinente reconocer mi gran falla para con él cuando se postuló a ser Director del dpto. El hito más recordado de su campaña fueron unos ricos choripanes con los que agasajó a sus potenciales electores en su casa de Urrutia Manzano.

Por esos tiempos yo hacía muchas asesorías a las industrias del sector celulosa y papel, y el día de la votación, sin que yo me diera cuenta, me coincidió con una visita a Celulosa Arauco.

Pasaban las horas y yo no aparecía y Rogel preguntando a todos si sabían de mí (en esa época no usábamos celulares). Al final no llegué y Rogel perdió la elección. Para mi suerte, perdió por más de un voto, si no, me habría electrocutado en el Laboratorio. Nunca me creyó que me había olvidado.

Querido amigo, te lo reitero una vez más. De verdad se me olvidó.

También quiero recordar otra cualidad importante de Rogel: su sentido del humor. Los cafés de las 10, así como los paseos de fin de año y otros eventos, son los momentos en que nos ponemos ingeniosos y nos hacemos bromas y pullas entre nosotros. Rogel participaba activamente en ellas, siendo muy asertivo en sus bromas. Jamás se molestó por las bromas que él recibió, algunas de ellas bastante irreverentes. No recuerdo momentos de enojos o mala onda de Rogel con nadie del Departamento.

Optó por jubilarse al alcanzar la edad de jubilación. Ahí recibió el último gran reconocimiento de la Universidad por todos los aportes que hizo en su larga carrera, siendo nombrado Profesor Emérito el año 2010, la más alta distinción que entrega la Universidad a sus académicos. De hecho, es el único Profesor Emérito que tiene nuestro Departamento.

No fue perfecto. Ninguno lo somos. Los ingenieros, además de cuadrados, somos muy poco dados a contar nuestros asuntos personales. Tuve el privilegio, 4 o 5 veces a lo largo de estos años de poder conversar con el de estos temas. La última ocasión fue en diciembre del año pasado.

Cuando le pregunté si estaba satisfecho con lo hecho en su vida, me respondió que en general sí, pero que sabía que le había fallado a sus seres queridos y que estaba intentando enmendarlo en la medida de lo posible.

Le comenté, que por otro lado, había dejado una huella indeleble en 38 generaciones de nuestros alumnos, que de seguro recuerdan y valoran todo lo que Rogel les enseñó. Esto lo pudimos corroborar 3 semanas atrás en que pasó por el Departamento Eric Larenas, uno de los primeros alumnos de Rogel, que se emocionó al verlo y le agradeció todo lo que Rogel le enseñó. Me consta que en su oficina en Codelco, casi 40 años después, Eric tiene escritas en su pizarra las ecuaciones de Maxwell con las que Rogel tanto lo hizo sufrir en los cursos.

Los últimos años fueron menos buenos para él. Con la aparición de la diabetes se acabaron los lomos a lo pobre del Fortín Bulnes que tanto disfrutaba. Se cuidó relativamente, pero siempre se dio algunas licencias para compartir en los paseos y eventos del Departamento. El corazón también le jugó malas pasadas, con el agravante que no se dio cuenta de sus infartos, lo que le disminuyó sus fuerzas.

A pesar de todo esto, nunca quiso dejar de hacer clases. Luego de su caída de tres semanas atrás conversamos con él para que se tomara el resto del semestre y se recuperara bien. No quiso. Ni siquiera aceptó parar un par de semanas.

Hizo clase hasta su último día de vida. Sin dudas podemos decir que murió con las botas puestas, o mejor con su delantal blanco y el plumón en la mano.

Bueno querido amigo, has partido, pero nos quedamos con un sinnúmero de buenos recuerdos y anécdotas que nos acompañarán por el resto de nuestras vidas. Fue una suerte y privilegio compartir contigo todos estos años.

Adiós y descansa en paz.


*Agradecimientos a Juan Tapia y Exequiel Campillo que nos enviaron las fotografías.